Mi rebanada de pastel

Pastel (mmm… *se le hace agua la boca), a todos nos gusta =) (raro sería que no te gustara);  hay de todos tipos, de zanahoria, queso, chocolate, red velvet, vainilla, limón, fresa, ¿cuál es tu favorito? a mí la verdad me cuesta trabajo escoger uno como mi favorito, me declaro culpable, ¡todos me gustan! Pero bueno, seguramente has escuchado la siguiente frase:

El que parte y reparte le toca la mejor parte

Es verdad, está en la constitución, el que parte y reparte el pastel tiene derecho de servirse la rebanada de pastel más grande, puede servirse lo que quiera y es más… ¡puede servirse doble! ¿Por qué? Pues porque se está sirviendo para el mismo y cuando uno se sirve a sí mismo nunca repara en cantidades ni en gastos.

Hay una historia en la Biblia que me parece súper graciosa, está en Ester 6. El libro de Ester tiene 4 personajes principales:

  • El rey Asuero
  • Aman (se enojó con todos los judíos solo porque le caía gordo Mardoqueo… ¿por qué? porque Mardoqueo nunca se arrodillaba ante él)
  • Mardoqueo (Una vez le salvó la vida al rey denunciando una conspiración en su contra, no le gustaba arrodillarse ante Aman funcionario del rey Asuero)
  • Ester (Judía, esposa del rey Asuero)

Resulta que Aman, funcionario del Rey Asuero, odiaba a los judíos, en especial Mardoqueo. Amán había intentado manejar la situación y mantener la cordura; pero un día se le colmó la paciencia, así que decidió tramar un plan en su contra y levantó un poste afilado de 23 metros para empalar a Mardoqueo.

A la mañana siguiente, fue a buscar al rey  para pedirle permiso; pero ese día, el rey Asuero se había levantado con una inquietud:

¿Qué recompensa o reconocimiento le dimos a Mardoqueo por haberme salvado la vida al denunciar la conspiración en mi contra? —preguntó el rey. Sus asistentes contestaron: —Nunca se ha hecho nada.— Así que el rey decidió hacer algo para honrar la lealtad de Mardoqueo.

Y aquí es donde la historia me parece graciosa… Amán está llegando al palacio para pedirle permiso al rey de empalar a Mardoqueo, el rey hace pasar a Amán y antes de dejarlo hablar le pregunta:

¿Qué debo hacer para honrar a un hombre que verdaderamente me agrada? (refiriéndose a Mardoqueo)

Amán no podía creerlo, se le iluminaron los ojos, el corazón le brincó de alegría y pensó:

“¿A quién querría honrar el rey más que a mí?”

Así que Amán, creyendo que el rey quería honrarlo empezó a servirse con la cuchara grande, partió el pastel como si la rebanada fuera para él y respondió:

Si el rey desea honrar a alguien, debería sacar uno de los mantos reales que haya usado el rey y también un caballo que el propio rey haya montado, uno que tenga un emblema real en la frente. Que el manto y el caballo sean entregados a uno de los funcionarios más nobles del rey y que esta persona se asegure de que vistan con el manto real al hombre a quien el rey quiere honrar y lo paseen por la plaza de la ciudad en el caballo del rey. Durante el paseo, que el funcionario anuncie a viva voz: “¡Esto es lo que el rey hace a quien él quiere honrar!

¡Perfecto! —le dijo el rey a Amán—. ¡Rápido! Lleva mi manto y mi caballo, y haz todo lo que has dicho con Mardoqueo, el judío que se sienta a la puerta del palacio. ¡No pierdas ni un detalle de lo que has sugerido!

Curioso, ¿no? Amán no reparó en honra porque creía que la honra era para él mismo, y aunque Amán es el antagonista de la historia creo que podemos aprender algo:

“Cuando se trata de honra, debemos darla como si fuera para nosotros mismos, la mejor rebanada”

Cuando nos toca dar honra, la mayoría de las veces lo hacemos igual que cuando nos servimos pastel, siempre queremos el pedazo más grande para nosotros, el que tiene más cremita, el más esponjoso, el que se ve más rico, y para los demás, lo que sobra.

Pero creo que debemos empezar a vivir como en el cielo, dando honra a otros, teniendo la misma actitud que tuvo Cristo, que aunque era Dios, no consideró que ser igual a Dios fuera algo a que aferrarse y tomó la humilde forma de hombre, como un esclavo y se humilló a sí mismo, todo para amarnos y rescatarnos.

Esa es la actitud que debemos tener, así que… cuando tengas la oportunidad de dar honra a alguien, recuerda esta historia y honra sin reparar en gastos, honra como si la rebanada de pastel fuera para ti, parte y reparte la mejor parte.

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